90 gramos

kafka en la heladeria. helado. fugas y obsesiones
Jorge estaba volviendo a su casa para ver un partido de tenis y se le ocurrió ir a comprar un helado.
-Hola, ¿qué tal? Quiero un cuarto de helado.
-Sí, decime los gustos y después te cobro.
Jorge no reaccionó pero pensó que algo no andaba bien, siempre el heladero cobra primero y luego sirve.
-¿De qué gustos querés?
-Dulce de leche granizado, chocolate suizo y ananá – respondió, mientras pensaba que no era justo que el helado se derritiera mientras esperaba que le cobraran.
El heladero se dirigió con la precisión de un francotirador hacia los gustos y los fue sirviendo en el recipiente de telgopor. Se tomaba su tiempo y parecía ser una costumbre, casi buscando que algún cliente lo insultase.
-¿Te lo llevás?
-Sí
Cuando pesaron frente a sus ojos el cuarto de helado, la balanza marcó 340 gramos y una mueca extraña se apoderó de la cara de Jorge, que no sabía qué decir mientras el heladero ponía la tapa de telgopor. 
Le estiraban la bolsa con el helado y le decían que costaba 22 pesos, pero no daba ninguna señal de querer agarrarla. No levantó ni mínimamente un brazo.
-El helado, maestro.
-Es que pesa 340 gramos.
-Sí
-No puedo aceptar ese helado, tiene 90 gramos de más.
El heladero se rió creyendo que era un chiste.
-Dale, agarrá el helado y pagá.
-No, no puedo.
-¿Por qué no?
-Porque te estoy robando 90 gramos.
-No importa.
-Sí importa.
-No me estás robando nada, a veces pasa. Pongo un poco más de helado para que vuelvas.
-Es poco ético que me lleve ese helado
-Hay otros clientes, no me hagas enojar. Son 22 pesos.
-Te pido por favor que saques un poco de helado.
-No digas pelotudeces, nunca nadie me pidió eso.
-Será porque tus clientes son una manga de ladrones.
-Te pido que te lleves el helado y te prometo que la próxima pongo 250 gramos.
-Pesalo en la otra balanza, quizás esa balanza está mal.
-Está bien, a vos se te derrite el helado.
Los dos esperaban que por algún milagro la balanza diera 0,250, pero la balanza no mentía. Había 340 gramos de helado, un heladero que estaba perdiendo la paciencia, clientes curiosos y un apacible Jorge, que quería lo que le correspondía y nada más.
-¿Qué hacemos ahora? ¿Me pagás los helados de todos los clientes que se cansaron de esperar o me das 22 pesos?
-Por supuesto que te voy a dar 22 pesos – el heladero extendió la bolsa – pero cuando le saques 90 gramos a ese helado.
Los clientes se rieron y el heladero insultó al aire mientras agarraba una cuchara y sacaba el helado sobrante.
Por tercera vez le extendieron la bolsa y Jorge nuevamente no se movió.
-¿Vos te pensás que me voy a llevar un helado que no fue pesado? ¿me viste cara de boludo?
Sin responder, el heladero fue a pesarlo y la balanza marcó 238 gramos.
-Cagador – gritó– este tipo es un cagador. ¡Estafador!
El heladero le pegó un puñetazo al mostrador y le tiró la bolsa con el helado a Jorge, que intentando cubrirse finalmente la agarró. Miró al heladero con una mezcla de furia y decepción y dijo: ¡qué país de mierda!

Sobre Fugas y obsesiones

Blog literario y de híbridos. Fugas ficcionales y obsesiones cotidianas. "Quiero transformar sus vidas en obras de arte, aunque estoy seguro de que jamás se tomarán la molestia de leerlas".