Apología de los pañuelos de tela

Apología de los pañuelos de tela. Intolerancia de seres descartables. Fugas y obsesiones.

“Un fama es muy rico y tiene sirvienta. Este fama usa un pañuelo y lo tira al cesto de los papeles. Usa otro, y lo tira al cesto. Va tirando al cesto todos los pañuelos usados. Cuando se le acaban, compra otra caja”. Julio Cortázar en Historias de Cronopios y de Famas.


Uno de los recuerdos más latentes que tengo de mi infancia es estar jugando en el arenero del jardín de infantes y ver desde el tobogán un pañuelo de tela rojo que se cae de mi bolsillo. Inmediatamente me tiro hacia la arena, agarro el pañuelo y voy al baño. Abro la canilla y me pongo a lavarlo (el agua es helada), mientras una maestra me pregunta qué hago y se lo explico con seriedad.

Hay dicotomías que dividen al mundo. Hay dicotomías verdaderas y falsas. Generalmente las que dividen al mundo son falsas, pero presentadas como verdaderas por un grupo de personas numeroso que no se coordinan entre sí pero creen fervorosamente tener razón.

Durante varios años recibí críticas por usar pañuelos de tela. Tengo una historia familiar de pañuelos de tela que es hermosa. Mis abuelos los usaban, mi papá los usa y afortunadamente mi hermano y yo los usamos. 

Los hostigadores lucen sus pañuelos descartables de papel orgullosos y plantean un debate, acusando a los pañuelos de tela de ser antihigiénicos, asquerosos y anticuados, entre tantos calificativos.

Algunos creen ganar la discusión al comparar los viejos pañales de tela con los pañuelos de tela. Les tengo una noticia: no sé si enteraron, pero no conozco a nadie que tenga caca en la nariz. Aparentemente las analogías no son la especialidad de este grupo.

Otra creencia que circula es que uno vive sonándose sobre su moco eternamente. Me cuesta tomar como válida esa combinación de palabras, ya que son personas que no tienen en cuenta que las cosas hechas con tela suelen lavarse, desde la ropa hasta las cortinas. En sus mentes, que harían enorgullecer a Torquemada, no hay espacio para pensar que los pañuelos de tela se lavan.

Sin embargo, puede resultar violento contestar de esta manera y por eso en una charla hace un tiempo preferí preguntarle a una persona que decía eso cuántos pañuelos creía que tenía yo. Me contestó diciendo dos o tres y ahí entendí que se acostumbraron a criticarnos sin pensar. Ya tienen las verdades absolutas en la cabeza y la venda bien ajustada sobre sus ojos.

Creo que el uso de pañuelos descartables es legítimo y respeto la opinión de quienes deciden fomentar la tala de árboles y gastar plata permanentemente para limpiarse la nariz . El pañuelo de tela es confiabilidad, seguridad, rendimiento, lealtad, compañerismo y ahorro. Es sentimiento. El pañuelo descartable es usar y tirar.  

Lo que me cuesta entender es la intolerancia y la agresión. Hay algo que secretamente nos une a quienes usamos pañuelos de tela, algo que el resto de las personas no comprende y, como decía aquella canción, muchas veces tenemos que “enfrentar caras de gente que no entiende y que con burlas justifican su ignorancia”.

Nosotros no juzgamos. Los que usamos pañuelos de tela disfrutamos. Nos reímos ante los cuestionamientos de personas que quizás pueden pasar un día entero sin sonarse la nariz y no conciben que alguien lo tenga que hacer varias decenas de veces, no pueden ponerse en el lugar del otro. Estas agresiones lo único que hacen es reforzar el lazo sentimental que tenemos con nuestros pañuelos. 

Hace poco Pitta, un gran amigo que usa los de tela, me contó que soñó que tenía que ir al hospital porque tenía un moco gigante y que un médico se lo sacó con un pañuelo de tela que tenía en el botiquín de elementos quirúrjicos. Cuando le daban el alta, justo antes de despertarse del sueño, le dijeron “con pañuelos descartables te morías”.

A ese nivel llegan los verdaderos sentimientos y es otro tema que les cuesta entender, por eso voy a profundizar. En una reunión, cinco compañeros de trabajo me atacaban por usar pañuelos de tela (y por la cantidad de comida que había comido, pero eso es para otra historia). En medio de los ataques, pregunté si nunca alguno había usado un pañuelo de tela. Ahí una de ellas, con una gran sonrisa, dijo “de chica tenía uno blanco con muchas florcitas”. No desperdicié la chance y le dije “nunca un pañuelo descartable te va a generar una sonrisa así, un sentimiento así”.

Sobre Fugas y obsesiones

Blog literario y de híbridos. Fugas ficcionales y obsesiones cotidianas. “Quiero transformar sus vidas en obras de arte, aunque estoy seguro de que jamás se tomarán la molestia de leerlas”.