Balanceo

“…dos elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña. Como veían que resistía, fueron a llamar a otro elefante. Tres elefantes…”

El pie izquierdo parecía ser la esencia de su movimiento, la parte más segura, la que se movía menos. El pie derecho, por el contrario, era la parte osada de su movimiento, la que tenía fuerza suficiente para inclinar casi todo el cuerpo hacia adelante, pero no tanta como para resistir ese peso, lo que hacía que el cuerpo volviese hacia atrás luego de cada intento.

balanceeeeo. Balanceo en Fugas y obsesiones.

Sin embargo, el pie izquierdo no tenía la resistencia para contener ese peso que volvía con un impulso, por lo que la base del movimiento se vencía brevemente y el cuerpo iba hacia atrás aunque el movimiento no tenía la potencia suficiente para derrotar definitivamente a ese pie izquierdo, por lo que aprovechando el balanceo mínimo hacia adelante el pie derecho volvía a entrar en acción.

Él parecía ser uno de esos adornos de metal que se venden en los shoppings y nos hacen creer que son artesanales, esos que con el peso y el contrapeso eternizan un movimiento que es siempre idéntico. Eso era lo que asustaba, el movimiento era siempre igual, ni un milímetro más adelante, ni un milímetro más atrás. Algo se escondía en ese balanceo aparentemente sin sentido.

Al principio me llamaba la atención. Me daba curiosidad, quería observar y entender ese movimiento. Incluso dejé pasar colectivos para cronometrar con cuentas mentales, que nunca funcionaban, el ir y venir de ese cuerpo.

Luego perdí la simpatía por el sujeto. Comencé a odiarlo simplemente por no concentrarme donde debía hacerlo. Llegué a pensar que se burlaba de mí, que veía cuando yo llegaba y ahí comenzaba su movimiento. También estuve convencido de que dejaba pasar su colectivo para que me fuera antes del lugar y en mi retina quedara la imagen de una continuidad atemporal. Después hasta creí que ni siquiera debía estar ahí, que lo hacía únicamente para molestarme.

Todos tenemos sueños e ideas gigantescas, riesgosas y desafiantes, que implican un corte, un abandono radical y satisfactorio que nos dará lo que estamos buscando. Sin embargo, son sueños o que mueren antes de nacer, aunque tenemos el problema de que enseguida renacen para morir nuevamente, hacen un balanceo en nosotros.

Son ideas que podrían llamarse cuasimotoras. No nos movilizan, pero nos hacen creer que estamos muy cerca de movilizarnos, que vamos a realizar eso que sabemos que es imposible. El problema más grave es que el obstáculo somos nosotros mismos, por esas semillas que de pequeño las instituciones nos van sembrando y nosotros a gusto las regamos, al principio inocentemente y luego con imperdonable comprensión. El resultado es el miedo.

El amague en el fútbol sólo sirve para engañar al rival momentáneamente. Si no se aprovecha ese momento de confusión para progresar, sea pasando la pelota a un compañero o intentando hacer un gol, el amague no sirve para nada porque el rival se recupera. Por eso amagarse a uno mismo no tiene el más mínimo sentido, pese a que lo disfrutamos a diario.

Él se sigue balanceando estoicamente en la parada del colectivo. Sabemos que el balanceo de cada uno no puede ser pronunciado, nos podríamos caer para cualquier lado. Nosotros no vamos a llamar a otro elefante. Somos personas y no llamamos a nadie. Preferimos simplemente balancearnos.

El movimiento de él continúa. La diferencia respecto a todos nosotros es que él tiene el coraje de expresarlo, de dejar en evidencia la falsa contradicción.

Sobre Fugas y obsesiones

Blog literario y de híbridos. Fugas ficcionales y obsesiones cotidianas. “Quiero transformar sus vidas en obras de arte, aunque estoy seguro de que jamás se tomarán la molestia de leerlas”.