Detrás del muro del sueño

Detrás del muro del sueño, Fugas y obsesiones

“Sueño el mismo sueño, vos sabés. Que nos explota en las manos”
En el sueño estaba sentado en un bar con un amigo, lo voy a llamar Raulf pese a que no tenía rostro. Al no tener cara en realidad no sé si era mi amigo, pero parecía conocerme bien y había mucha confianza, así que imagino que éramos amigos. Nunca había ido a ese bar y las caras de los desconocidos de cierta forma indescriptible me hacían notar que era un forastero.
Estábamos preparados para pedir algo de tomar cuando se acercó el mozo y nos sirvió. Raulf le dijo que no habíamos pedido nada y el mozo contestó que él soñaba lo que la gente necesitaba tomar 24 horas antes y si esas personas aparecían en su bar, él les daba lo que había soñado que tenían que tomar. Dijo que sólo se retractaba si alguno había soñado que tomaba algo distinto, pero ante nuestro silencio dejó las bebidas en la mesa y se fue.
-¿Qué es esto? – alcancé a preguntarle.
Dio media vuelta y volvió: es lo que vas a tomar en tu sueño si no te querés despertar y sentirte un pelotudo por no respetar mi sueño.
-Voy a disfrutar esto y te voy a robar esa frase para un cuento – le contesté con una mezcla de sumisión y soberbia, pensando en que jamás usaría la frase.
El mozo, que parecía tener doscientos años pero nunca haber envejecido, se retiró acomodándose la raya al medio en su cabeza y gritando: se ve todo como uno quisiera que fuese, luego se observa lo que no existe y al final se ve todo como es, que es lo más horrible que puede suceder, lo más horrible que puede suceder.
-Cómo le gusta hablar de sueños a este mozo– me dijo Raulf.
-Sí, es raro, si esto realmente fuera un sueño tendría que ser más surrealista, sólo hay humanos acá haciendo cosas que harían en este contexto y no hay nada raro, nada que me dé miedo, me maraville, me sorprenda o no comprenda.
-Pará, algo raro hay, pero para vos es natural acá. Las paredes están cambiando de color.
-No, son grises.
-Las vemos diferentes entonces. Te dije de venir acá porque tengo un problema.
-¿Cuál es?
-Estuve hablando con Tony Iommi. Quiere que toque en Black Sabbath.
-Brindemos por esto.
Antes de que me explicase la situación, brindamos y tomamos. La bebida del infierno había soñado ese mozo que queríamos tomar. Durante cinco minutos transpiré como si hubiera corrido una maratón.
-No, no entendés. Es un problema.
-¿Por qué Raulf?
-Porque el baterista se lesionó y sólo quieren que toque con ellos una noche, un recital.
-Es el sueño del pibe – le dije gritando y levantándome de la silla para ver si se daba cuenta de que podía cumplir el sueño de su vida, por más que sólo fuera en el marco de un sueño y que además fuera en mi sueño y no en el de él. Sentí las miradas de nuevo y me senté.
-No, loco, yo soñé toda la vida con esto. No puede ser que sea así, es injusto, no puede ser un hoy, un aquí, un ahora, dos horas de mi vida y después nunca más, como si nada hubiera pasado. El vacío, ¿cómo me recupero de ese vacío?
-Vos no entendés.
-Vos no me entendés. Además Ozzy no está convencido, quiere cancelar el show, dice que Tony ya no canta como antes y que con la humedad su dedo cortado lo hace sufrir mucho.
-Ozzy canta.
-No acá. En el sueño canta Tony.
-¿Y Geezer qué opina?
-Geezer no se metía, estuvimos hablando como dos horas los cuatro pero Geezer no decía nada y ahí me confesaron que es un muñeco inflable. Y yo no podía creerlo pero lo desinflaron.
-No te creo.
-Lo desinflaron, Ari. Después lo inflaron de nuevo y tocó como los dioses en el ensayo.
-¿¿Pero vos ya ensayaste??
-No, no, los escuché desde afuera, me dijeron que me decidiera primero pero yo tengo miedo del día después y algo les tengo que contestar. Dijeron que no podía entrar a la sala si no me comprometía a tocar a la noche. A mí me da miedo el mañana, cuando vuelva Bill a la banda.
-Deciles que sí, es tu sueño. Hasta es mi sueño también.
-¿Pero cuál es el costo de los sueños?
-¿A qué precio los cumplimos querés decir? – no lo entendía.
-Sí, o a qué precio los resignamos.
La pregunta de Raulf me dejó pensando mucho cuando desperté y me acordé del sueño y del sueño en el sueño. Pensé unas pocas teorías y una infinidad de respuestas bien armadas aunque sin fundamento, pero, tanto en mi sueño como cuando escribí esto, no pude verbalizar una respuesta coherente y racional, pasaba todo por otro lado, por un lado sensorial y lo mejor y lo peor de los sentimientos es que muchas veces no se pueden poner en palabras, como sí puedo robarme un pensamiento a mí mismo cambiando unas palabras.
La noche se estaba poniendo demasiado reflexiva para ese bar. Un viento potente golpeó a Raulf y su remera se metió un poco en su ombligo. No podía entender qué pasaba y le pregunté. Él se levantó la remera y tenía un abismo en el ombligo. Instintivamente levanté mi remera, que era una camiseta del Manchester United y tenía al ángel demoníaco de Black Sabbath, pero me encontré con mi apacible y terrenal ombligo. No había abismo, pero ahora la remera era negra.
-Es una noche, un recital, el sueño de tu vida Raulf. Es como estar con la mujer de tu vida una noche aunque no puedas tenerla siempre. Es como ser Maradona contra los ingleses en el 86 y al día siguiente ser el boletero de una estación abandonada con las vías rotas esperando a un tren que sabe que no va a llegar. No vas a perderte eso. Es ser Eduardo Galeano escribiendo El libro de los abrazos o Las venas abiertas de América Latina y al día siguiente ser analfabeto. Las venas loco, las venas, no podés hacerte esto a vos mismo.
El mozo pasó nuevamente. Se lo llevaban preso. Según pude escuchar, entre tanto forcejeo de empleados, clientes y policías, fue por pegarle a alguien que no quiso tomar lo que él le servía. El ambiente se tranquilizó pero las paredes empezaron a desteñirse.
-Vos con tus sueños hacé lo que quieras, pero con los míos no me jodas. Te apuesto a que también dudarías en esta situación.
-Me parece que ya no estamos hablando de Black Sabbath.
-Sí, estamos hablando de Black Sabbath y de esto que me pasa a mí – me ubicó correctamente Raulf y siguió: si no estuviéramos hablando de Black Sabbath no estarían los tres allá mirando a esta mesa y pensando en qué voy a decidir. Si no querés hablar de Black Sabbath acordate de este sueño, escribilo en tu blog y mentí como hacés a veces.
En el sueño me pareció que no valía la pena contestar esa agresión y ahora me gustaría haberle contestado (igual sospecho que no se me hubiera ocurrido una respuesta inteligente). Ahora veía a las paredes cambiar de color, manchas asimétricas iban y venían como en una programada anarquía automovilística de autos deformes. Se mezclaban y creaban colores que no sé nombrar.
-¿Vos decís que escriba lo que ni yo mismo entiendo? Hay una gran diferencia entre ser relativamente misterioso o críptico y no tener nada para decir y maquillarlo.
-No, vos escribilo porque no lo entendés, como para tratar de entenderlo. Copiate de esa canción donde le dicen al cantante que no sabe, que cante que no sabe, y hacé algo parecido antes de que se hunda tu acorazado.
-Caparazón. Penas. Esfuerzo. Distancia, siempre distancia, voluntad de amor. Sudor. Dolor. Y sentimiento…
-No, esa canción es de otra banda y lo sabés. Escribilo, vos que no lo entendés.
-Es que me paro en la línea del medio y a veces voy para un lado sin darme cuenta y a veces para el otro. Creo que creo que tengo algo para decir.
-Hacelo, pero no pongas de nuevo eso de la adivinanza, el ajedrez y la palabra que no se puede nombrar porque te pasás de obvio.
-Está bien. Pero vos también hacelo, tocá con Sabbath, ¿vas a matar así a todos tus instintos? ¿vas a negarte y después te vas a arrepentir? ¿y si hoy la rompés tocando y quedás?
-Pensé que en los sueños ibas a ser menos cuadrado.
-Vos sos el cuadrado, Raulf. Mi profesor de bajo, con el que ahora sólo nos cruzamos en laberintos barriales, me decía “que fluya, que fluya” y eso es lo que vos deberías hacer, salir a tocar como si no hubiera mañana, hasta despedazar la batería. Y así tratar de vivir y quizás ni lo vuelven a llamar a Bill.
De pronto el mozo volvió con una sonrisa grande. Se jactó de haber convencido a la policía, mientras lo golpeaban, de que el sueño del cliente era el equivocado. Nos dejó nuevamente dos vasos llenos de una bebida y nos explicó que no habían venido las personas que debían tomarlo, así que antes de tirarlos prefería que los tomásemos nosotros.
-Te conozco, sé que vos harías lo mismo que yo. Lo que me da miedo es que yo no te estaría diciendo lo que vos me decís. La utopía no se vive una noche, se busca, se trata de vivir y punto. Siempre se busca.
-No lo sabés, soñalo vos y me decís. Si lo soñase yo, vos me estarías diciendo lo mismo, la diferencia es que yo te haría caso. Además, se trata de vivir empezando a vivirla, aunque sea en parte, no negándote.
-¿Y si fuera real?
-No, si fuera real yo no resignaría mi sueño de toda la vida por una realidad de dos horas. Viviría esas dos horas como si fuese el comienzo sin resignar el sueño y después conseguiría tocar con Black Sabbath mucho tiempo.
-Al final sos como ese mozo maldito.
-En algunas cosas sí, en otras no. Al menos todavía no soy como las paredes que antes estaban llenas de colores y ya no existen, ¿vos querés ser Maradona en el 86 y el boletero?
-No lo sé, pero los de Black Sabbath ya se fueron.
-Ahora no vas a ser ni uno ni otro, no vas a tener la gloria ni la poética desgracia que imaginamos.
-Otra vez lo quieren trompear al mozo. Vamos a defenderlo, no dejemos que le pase lo mismo.
Sonaba una banda nueva y al ritmo de un rock tangueado cantaban “en algo vos y yo nos parecemos, la misma sed, el mismo otro lugar”. Nos paramos rápidamente. A Raulf lo sentaron de una piña en un segundo. Yo me desperté mientras tiraba una patada y trataba de pensar quién era yo en el sueño y quién sería al despertar, si Maradona en el 86 y después pagaba el costo o si no era nada de eso pero también pagaba el costo en este ir y venir real de confusiones casi planeadas.

 

Sobre Fugas y obsesiones

Blog literario y de híbridos. Fugas ficcionales y obsesiones cotidianas. “Quiero transformar sus vidas en obras de arte, aunque estoy seguro de que jamás se tomarán la molestia de leerlas”.