El fin de los aplausos

“El fin de las risas, el fin de las suaves mentiras. El fin de las noches en que intentamos morir”.

El público aplaude enardecido cada sorpresa, cada milagro, cada ilusión, hasta cada broma. Las imperceptibles equivocaciones son parte de la rutina y los amagues de errores cometidos también. Cada fin de semana el ritual se repite y el mago se retira ovacionado. Él cree que en los pequeños acontecimientos cotidianos de la vida se encuentra lo verdadero, lo que se hace imposible de reconocer.

Ya no disfruta practicar o ensayar, que es la palabra que prefiere. Es más, sólo ensaya cuando se le ocurre un truco nuevo. El ensayo es más una experimentación donde juega con los límites.

El sonido de los aplausos lo embriaga. Odia su vida, el maquillaje y mirar los partidos de fútbol los viernes y los sábados por la noche, justo antes de las funciones. Se vanagloria de estar innovando en el espectáculo: cobra entrada y pasa la gorra.

Cada día de la semana desde hace cinco meses estoy con él. Sus horas son las mías. Sus momentos de dicha, que son pocos, los disfruto porque sé que luego nos sumimos en la amargura, en la reflexión sin sentido.

Él me contrató para escribir su biografía. Ya tengo preparado el capítulo de su infancia, de cómo se acercó a la magia. La tormentosa relación con su padre merecía varios capítulos, pero quedó reducida a la insinuación, casi a la libre interpretación. Con vehemencia y palabras violentas me pidió que destaque el cariño que le demuestran por la calle. La realidad es que detesta que lo reconozcan. Desde hace dos semanas me hace grabar las ovaciones. Cada vez que termina un truco, grabo los aplausos.

Está terminado el capítulo de su escandalosa vida amorosa, de esas noches que llegaron a las páginas más amarillas de la prensa y que terminaron con él en coma unos días. También el de sus pasadas amistades. Todos los locos creen que para ser mejor hay que estar solo. O quizás son los únicos que se animan a estar solos. Él mucho no se anima, sino hubiera escrito él mismo su propia biografía. A diario me corrige, de mala manera me señala los pocos elogios que le brindo y ante mi respuesta de que busco no ser muy parcial me contesta que entonces debería poner errores de tipeo. No entiende nada el pelotudo.

Soy el cuarto biógrafo que manda la editorial, que parece haberse rendido, sobre todo luego de que les mandé el primer borrador. Dicen que nunca venderé más de diez ejemplares.

Me preocupa no poder encontrar un final, estoy estancado y harto de que mi birome se convierta en una paloma. La editorial dejó de darme computadoras porque él las tiraba por el balcón gritando que acabaron con la magia pero que a él no le van a ganar. No quiero estar más acá y no me puedo ir, sin un final no me puedo ir.

El mago siempre me aconseja que guarde el mejor truco para el final. Le respondo que eso es para la magia, pero él me grita que la magia es la vida. La conversación me da vueltas en la cabeza mientras intento escribir el mejor final. El mago está loco pero yo soy un genio, ¡ya encontré el final! Esta noche, justo después de los aplausos, lo voy a asesinar.

fin - copia aplausos

 

Sobre Fugas y obsesiones

Blog literario y de híbridos. Fugas ficcionales y obsesiones cotidianas. "Quiero transformar sus vidas en obras de arte, aunque estoy seguro de que jamás se tomarán la molestia de leerlas".