El tren a horario

“Un pie en el tren y otro en el andén”

Es de día pero no salió el sol. Ana se despierta cuando los primeros rayos de sol dan en su almohada. No importa si el despertador suena, ella sigue durmiendo y por eso la tiene que despertar con simulada ira su mamá.

Siempre sos la última, le dice mientras le prende la radio para que se dé cuenta que no está bromeando. Ana abre los ojos y se estira para mover el dial y que la música reemplace a la información.

Todavía le cuesta leer la hora, pero tras unos segundos entiende que va a llegar tarde de nuevo. No le preocupa. El padre la observa ponerse con calma un pulóver de lana lila y grita al aire: ¿por qué me salió una hija zen?

La madre le dice en secreto al padre que por la tarde comprará la torta, justo cuando Ana se ríe y avisa con un dulce tono musical que está lista, mientras agarra la pequeña mochila violeta.

La madre lucha por encontrar su cartera y habla sola en voz alta. No puedo llegar tarde por esto, se dice, estoy para salir hace media hora. Ana sonríe al recordar que escondió la cartera en el baño. Se despiden con un beso, como todos los días.

Tras cerrar la puerta, Ana y su padre van por la calle caminando hacia la estación de tren. Él quiere alzarla para ir más rápido y ella le dice “no, Rubén”. Al escuchar su nombre adivina que está cerca de un capricho y vuelven a caminar de la mano.

Llegando a la estación, Rubén le explica por enésima vez a Ana la importancia del tiempo y de cumplir con las reglas. Sacan el boleto y suben al tren. Cuando arranca, un hombre aparece corriendo por el andén e intenta subirse. Llega a colgarse de la puerta, pero cae y es aplastado por el tren. Ana dice por lo bajo que ese hombre también entendió la importancia de llegar a horario.

colgados del tren a horario fugas y obsesiones

Sobre Fugas y obsesiones

Blog literario y de híbridos. Fugas ficcionales y obsesiones cotidianas. "Quiero transformar sus vidas en obras de arte, aunque estoy seguro de que jamás se tomarán la molestia de leerlas".