La insoportable brevedad del ser

la insoportable brevedad del ser en Fugas y obsesiones
“Ni leí nada de Kundera para comentar con vos”
Una sola palabra se puede apropiar de tu cuerpo. Te puede esclavizar o liberar. Te puede oprimir, hacerte sentir ínfimo o generar una sensación hermosa: sentir que tu cuerpo te queda chico, desbordar.

Una sola palabra, varias, una frase, una oración, un párrafo o una charla entera. No importa cuánto, para todo aplica. Depende quién dice esa palabra. Depende cómo se dice esa palabra. Depende de cuál sea la palabra que vos esperás, la que quizás buscás desde que naciste o a lo mejor esa que te encuentra cuando ni sabías que existía.

Quizás efectivamente la palabra no existe. El otro día alguien dijo “me siento bien en este ámbitat”. Ya estaba por disculparse, pero la paré a tiempo y le dije que esa mezcla de ámbito y hábitat describía a la perfección lo que yo sentía al estar en esa reunión con gente tan querida. Claramente no es una palabra anhelada, pero sirve a modo de ejemplo en este vacío intento de reflexión que pretende verbalizar lo que sólo se puede sentir y que ya por eso está condenado al fracaso.

La palabra equivocada dicha por alguien que está en lo cierto. La palabra verdadera dicha por alguien que no sabe que está en lo cierto, que cree que nunca lo estará. El equivocado creyéndose dueño de la palabra que dice y sin saber que la palabra en realidad es un error para el otro. El acertado que no dice por saberse equivocado o por temor a estarlo. Y la palabra que va y viene, puede ser la misma o no, pero siempre es parte de un deseo, incluso del deseo de no desear.

Todos tenemos algo prohibido en esta vida. Algo que desconocemos que tenemos prohibido. Para cada persona puede ser diferente. Y si supiéramos que lo tenemos prohibido y que será una batalla que siempre terminará en derrota, igual pelearíamos hasta que la derrota sea real y no meramente discursiva.

Esas prohibiciones no tienen origen ni fin, como la imagen que acompaña a estas palabras. O el principio y el fin se confunden, se mezclan, son casi lo mismo. Tengo graves problemas para llegar a los principios. Los finales son más fáciles, vienen solos, ya sean planificados o inesperados (lo que en otras palabras quiere decir que lo planificó alguien que no soy yo). Es más, me cuesta tanto llegar a los principios que lo primero que escribí fue el párrafo final, mientras trataba de encontrar ese principio y la multitud de principios que aún sigo buscando.

En esa demora entre mis principios y mis finales, o entre los principios y los finales no queridos, la envidia me invade. Yo quería escribir sólo tres párrafos. Hay gente que puede ser breve. Sea con hechos, con miradas o con palabras.

También están los que encuentran, sin saber que lo encuentran, un placer oscuro y peligroso en pensar sobre todo y en no hacer nada. Un placer de autodestrucción lenta, cotidiana, imperceptible, gota a gota hasta ahogarse en un mar que luego aseguran que los sorprende, que no entienden cómo se formó.

Algunos dicen que somos las palabras que decimos, quizás esos sean los que pueden ser breves. Otros creen que somos las palabras que nos dicen, tal vez esos sean los otros que nombré. En cada palabra hay vida y muerte. Cada palabra nace y muere casi al instante, nace al decirse, muere al terminar de decirse, pero muere como tributo, muere como celebración de la palabra que está por nacer y entonces cada palabra es un renacimiento perpetuo y a la vez una muerte sin fin.

Creo que para los otros somos las palabras que decimos, pero en realidad nosotros no somos las palabras que nos dicen. Somos las palabras que no nos animamos a decir.

Sobre Fugas y obsesiones

Blog literario y de híbridos. Fugas ficcionales y obsesiones cotidianas. “Quiero transformar sus vidas en obras de arte, aunque estoy seguro de que jamás se tomarán la molestia de leerlas”.