La rebelión inalcanzable

Cuando el rey Fernando advirtió que su popularidad entre el vulgo disminuía con notoriedad, decidió mandar a buscar a Miguel, el escritor más talentoso y muerto de hambre del reinado.

Lo recibió con uno de sus usuales banquetes, a los que únicamente accedían los familiares del rey, los cortesanos y los caballeros más importantes. Luego del postre, le dijo a Miguel que quería que escribiera la mejor historia de vida que haya existido. Le aclaró no le molestaba si para lograrlo debía inventar guerras, amores y dragones.

Miguel le respondió que él era el hombre perfecto para la tarea y le aseguró que lo sorprendería con el resultado. El escritor le afirmó al rey que podría tener la historia perfecta si le proporcionaba una renta y ponía a su disposición cuatro sirvientes y tres mujeres.

Al volver a su casa, contó a sus vecinos lo que había pasado y ellos se alegraron por él, pero también cuestionaron que tuviese que inventar historias que agigantaran la figura de un rey al que ellos deseaban decapitar.

Durante tres años, Miguel dedicó un mes entero a la disciplinada escritura y el siguiente mes a comer en exceso, beber todavía más y, cuando la borrachera se lo permitía, disfrutar de las tres mujeres.

En un mes creaba historias de hazañas imposibles, poniendo extremo cuidado en cada palabra que utilizaba y maltratando a quien lo desviara de su manuscrito. Después se dedicaba a elogiar a los cocineros por su trabajo, a hacerse amigo de los sirvientes que mantenían su copa llena y a creer que era el mejor amante del reino.

El ciclo se cumplió con precisión y al pasar tres años el rey lo invitó a un nuevo banquete. Cuando Miguel leyó el primer capítulo, el rey alzó la copa triunfal. Sin embargo, golpeó con fuerza la mesa cuando el escritor, gordo y con la mirada perdida, le comentó que todavía le faltaba escribir la mitad del libro y le solicitó tres años más. El rey, que continuaba perdiendo el respeto de sus súbditos, le concedió el plazo solicitado para finalizar la historia.

Cuando Miguel regresó, comentó a sus vecinos, sirvientes y mujeres la situación. Si bien celebraron la nueva victoria, le preguntaron para qué participaba de los encuentros clandestinos en los que se planeaba la rebelión contra del rey si mientras tanto escribía mentiras para perpetuarlo en el trono. El escritor les respondió que los iba a sorprender y no aclaró nada más. Simplemente les pidió paciencia porque todavía eran pocos.

Miguel cambió su ciclo de trabajo y comenzó a dedicar un mes a la escritura y tres meses a vivir, como él llamaba a sus placeres. Seguía escribiendo y sintiéndose contento ante cada aventura narrada, cada romance inventado y cada cabeza cortada. Le daba orgullo haber puesto una cabeza decapitada que sangraba y todavía hablaba insultando a su asesino.

Al pasar seis años del pedido original, Miguel asistió al banquete del rey, que sentía temor porque los rumores de rebelión iban creciendo entre sus seguidores y entre sus enemigos.

Cuando Miguel explicó que todavía tenía que escribir la mitad de la mitad, Fernando se puso a gritar y luego mandó a golpear y torturar al obeso escritor de piel amarillenta. Tan hábil para hablar como para escribir, con la boca ensangrentada, Miguel consiguió tres años más.

Cuando el escritor volvió a su casa, contó lo sucedido a sus vecinos y juró venganza. Le dijeron que todos querían cortar la cabeza del rey, pero que era imposible porque no había unión. Miguel lo sabía, incluso había participado de reuniones y antes de emprender la rebelión ya se estaban discutiendo con ferocidad quiénes tendrían el poder si la revuelta era exitosa. En este nuevo ciclo, Miguel solo escribía el último mes del año.

En el siguiente encuentro, Miguel pidió la palabra a los gritos y a los más de doscientos asistentes les explicó que la rebelión así sería inalcanzable y que si no se unían el rey iba a matarlos a todos. Como parecía saber cómo debían darse los hechos pero alababa al rey en su texto, fue expulsado de la asamblea. Antes de irse, les dijo que él iba a ser el primer asesinado de todos los rebeldes, que el rey lo mataría con sus propias manos cuando terminase de escribir el libro y luego aniquilaría a todos los sospechosos de participar en el intento de rebelión.

Al cumplirse nueve años del encargo de la historia perfecta, el rey bajó de su castillo con esperanza y ansiedad. Miguel había puesto el punto final el día anterior y acostado en la cama, porque le costaba mucho estar sentado, escuchó que golpeaban a su puerta. Sonrió. El séquito se quedó afuera y Fernando comenzó a leer la obra con satisfacción e interrumpiendo la lectura solo para felicitar al escritor. Sentía que tenía entre manos la llave de su inmortalidad. Se imaginaba todo lo que dirían de él durante los próximos siglos.

Al llegar al último capítulo, el rey comenzó a leer acerca de una pelea cuerpo a cuerpo con Miguel. Rápidamente alzó la vista y esquivó el primer golpe, que fue lento. Pudo controlar al escritor y ahorcarlo sin inconvenientes. Volvió a sentarse porque le quedaba el último párrafo, que terminaba diciendo: “La muerte le llegó a Fernando. La rebelión tan temida empezó cuando el pueblo supo que la predicción de Miguel era cierta, que el rey lo asesinaría al terminar de leer el libro”.

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Blog literario y de híbridos. Fugas ficcionales y obsesiones cotidianas. “Quiero transformar sus vidas en obras de arte, aunque estoy seguro de que jamás se tomarán la molestia de leerlas”.