Obras de teatro eternas

Nadie sabe cómo comenzó la obra de teatro eterna. Se sabe mucho de su presente, poco de su pasado y nada sobre su futuro. Hay infinidad de hipótesis sobre cómo se originó.

Se dice que espontáneamente, en algún lugar de Argentina, en una época incierta, un número pequeño de mujeres comenzaron a actuar en la casa de una de ellas, en un escenario improvisado en un living.

Los analistas del tema ven en esto una de las primeras reacciones de reivindicación de género: las mujeres escapando de la realidad que les imponía la sociedad y sus maridos, huyendo en secreto de sus por entonces obligatorias tareas hogareñas (a menos que fueran de clase alta). Otros indican que eran mujeres españolas e inglesas y que la tradición colonialista, por más que duela habría que reconocerlo, se fue extendiendo hacia las clases bajas. Hay otra teoría, con menor credibilidad, que asigna el comienzo a un grupo de hombres aristócratas que se rebelaron a los mandatos familiares heredados y que pronto invitaron a sus parejas a sumarse a la obra.

Lo que se sabe con certeza (es decir, en lo que todas la hipótesis coinciden) es que eran sin público, más allá de las mismas actrices y actores que dejaban de actuar para observar.

Supongo que las interpretaciones, porque es raro llamarlas teorías, deben ser verdaderas y falsas. A mis manos llegó un decálogo de reglas de cómo comportarse en la obra de teatro y fuera de ella. También me acercaron una copia borrosa de un pacto de silencio. No sé cuál es el grado de veracidad de estos pseudo documentos.

Tuve la oportunidad de subirme al actual y secreto escenario. Lo hice por curiosidad, en realidad un amigo me ayudó y me incentivó. Conversé con los actores. Había un hombre de 70 años que decía estar desde los 8 en la obra de teatro. Había una mujer con ojos de recién llegada. También actué con un hombre que estaba loco, no paraba de hablar solo, pero sin embargo era el mejor actor y el más respetado. Nadie sabía su nombre. Había unas 40 personas más, estimo, con las que compartí el escenario. El público se contaba de a cientos.

Poniendo en la balanza las versiones que conocí, incluso las que ni merecen ser mencionadas, la mayoría coinciden en estos tres aspectos: siempre se actuó y suponen que hay decenas de obras de teatro así en este momento, originadas en personas que pasaron por el grupo original o las que un ser querido les relató la experiencia. Fue uno de los primeros espacios donde se le restó importancia a la jerarquía de género que existía y a la de clases sociales. En tercer lugar, revolucionaron el rol del espectador.

Hubo épocas donde eran dos o tres y no podían volver a sus casas porque la obra de teatro se terminaría y eso no podía pasar, no tendría sentido. Para mí no lo tiene, pero para ellos todo lo que se viene desarrollando, lo que saben que pasó, lo que desean que haya pasado y lo que imaginan los llevó a este presente de puro goce.

También cuentan que en la década del 40 tuvieron que empezar a hacer sorteos para ver quién actuaba porque concurrían más de tres mil personas al escenario. El problema es que el sorteo hacía que se desvirtuara la esencia y las obras perdían contenido al intentar ordenar el usual caos azaroso.

Nadie sabe cuándo abandonaron la clandestinidad, cuándo se empezó a saber de ellos y a restarle importancia a la versión que aseguraba que todo era mentira, pero sí se conoce que en tiempos de dictaduras militares fueron perseguidos los grupos y los actores y muchos de ellos fueron asesinados.

Cuenta el hombre de 70 años que en 1978 realizó un unipersonal que duró lo mismo que el Mundial de Fútbol. Jugaba todos los partidos y a la hora de festejar el título él era Menotti y le contaba al mundo lo que estaba sucediendo en Argentina. Cuenta que durante la fase de grupos inicial había público pero no se animaban a subir a actuar con él, pero aclara que cuando dio su discurso triunfal estaba solo.

Luego volvió a sumarse gente. Al principio imitaban lo que veían hacer a otros, repetían. Luego comenzaban a crear individualmente y en conjunto en el marco de ese renacer.

Nunca nadie avisa cuando se va, nunca nadie avisa cuando llega. Quizás alguien haya escuchado el rumor de que esto existe y no lo haya creído. Es inverosímil. Todo tiene coherencia para ellos porque saben que no habrá un final.

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Sobre Fugas y obsesiones

Blog literario y de híbridos. Fugas ficcionales y obsesiones cotidianas. "Quiero transformar sus vidas en obras de arte, aunque estoy seguro de que jamás se tomarán la molestia de leerlas".