Ruido

-Te alcé en ese momento – dijo con lentitud, violando el silencio de la habitación.

Atardecía y estaba acercando una silla hacia la cama. Un saludo normal hubiera anticipado un adiós. Sus conversaciones tenían siempre el mismo comienzo, pero era lo único que se repetía.

-Me acuerdo del ruido. De nada más – le aclaró con firmeza y pena en la usual respuesta, cuando la silla rechinaba contra el piso.

-Te alcé para que vieras mejor y nunca lo olvidaras, pero vos recordás el ruido – respondió y una sonrisa asomó entre la barba. Las canas habían ganado la batalla.

-Sí, es lo único.

Después de la palabra único, la conversación podía abarcar cualquier tema, no había límite, pero esa vez la rutina se alteró de la manera más inesperada: hablaron del ruido.

-Fue la música más bella. Me acompañó muchos años. También lo que vimos ese día, lo que olvidaste.

-Lo vi décadas después en videos, pero recuerdo eso, la repetición y no el momento verdadero.

-Mirá, yo te toleré cualquier cosa, lo sabés, pero me da miedo que sólo de eso te acuerdes.

-Sí, verlo y recordarlo son dos cosas distintas.

-Claro, sentirlo es lo que cambia todo. La memoria es una amiga peligrosa.

-No sé qué hice mal, viejo – lamentó mirando el piso.

Trató de recordar y no pudo. Le dolía esa ausencia. Su infancia era un laberinto y esa aventura a Córdoba tal vez la única salida. El resto eran muros bien altos de un solo color.

Cerró los ojos con fuerza unos segundos para intentar despertar. Tampoco pudo. Al abrirlos, su viejo seguía en la cama del hospital. También el laberinto.

-El otro día lo vi en Youtube. Hermoso el pase del marciano. Eso era fútbol.

-Antes el maestro la había hecho rebotar en el palo de su arquero porque lo marcaban dos.

-Casi hace el gol en contra al ángulo, me contaste, pero eso no se ve en el video, arranca cuando ya está corriendo.

Los dos miraron hacia el techo unos segundos, simulando revivir nuevamente las imágenes que su memoria les habilitaba.

-Le pegó en contra y directamente corrió para atrás a buscar el rebote en el palo.

-Qué cagada que eso no lo filmaron. Limpió todo y se la dio al marciano.

-Te grité “ahí viene”, ¿te acordás que te lo dije?

-Sí, justo ahí empieza el ruido que recuerdo.

Su padre agonizaba y sólo charlaban de un partido que se había jugado treinta años atrás.

-No quería decírtelo, pero hace unos meses me olvidé del ruido. No lo puedo recuperar. Ahora hay una imagen borrosa. No se ve nada pero la miro fijo.

-¿Para qué la mirás fijo?

-Porque no me queda mucho más para ver.

-No sé.

-¿Qué no sabés, pibe?

-Si el ruido no sos vos.

Levantó apenas la cabeza de la almohada, con el dedo índice le pidió que se agache y le susurró:

-Gol.

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Sobre Fugas y obsesiones

Blog literario y de híbridos. Fugas ficcionales y obsesiones cotidianas. “Quiero transformar sus vidas en obras de arte, aunque estoy seguro de que jamás se tomarán la molestia de leerlas”.