Sobre Mr. Misil y Minino Candy

-Ya no cierran los números.

-Uh, qué cagada.

-No, es bueno.

-¿Cómo?

-El jefe está haciendo tanta plata que ya no cierran las cuentas, con este bar nadie va a creer que ganó tanta plata.

-Hay que hacer algo.

-Sí, ya estuvimos pensando con el jefe que…

-Esperá, ¡lo tengo! Nos hacemos prestamistas, montamos el negocio, no le prestamos a nadie pero decimos que sí y queda todo registrado.

-No me interrumpas que por algo el jefe me lo dijo primero.

Mr. Misil lo miró con furia al escuchar esas palabras y más bronca le dio cuando Minino Candy, que solo tenía poder porque era el novio del jefe, le dijo:

-Por algo sos el señor misil, pensar no es lo tuyo, no pierdas tiempo.

Las jerarquías suelen ser rígidas y esta lo era todavía más. Mr. Misil sabía que solo podía tener razón si le disparaba en la cabeza al Minino, que estaba agrandado y se notaba.

-Está bien, ¿cuál es el plan? Porque yo había pensado…

-¡No!

-Podemos promocionarnos, imaginate el cartel, dinero en el acto por CBU, sin gastos para empleados estatales y privados que cobren por banco.

Minino Candy lo cacheteó y los ojos de Misil se ensombrecieron más de lo usual. Se quedaron en silencio por unos segundos.

-El jefe quiere buscar un cuerpo.

-¿Para qué?

-Dice que compuso algunas canciones y que tenemos que buscar a alguien que las cante.

-¿Un particular? – preguntó incrédulo y casi con los ojos negros

-Un particular – confirmó el minino.

-¡Qué boludez hacer cantar a un particular!

-Esperá, la boludez es más grande. Quiere la identidad, quiere un cadáver nomás, él es el que va a cantar con el nombre del tipo que matemos.

-jaja, como un superhéroe de doble identidad. Cantante de día, narco de noche.

-Ahora te vas a reír más. Dice que su nombre artístico tiene que ser Lord King.

-Nooo, ¡se volvió loco!

-Callate, nos van a escuchar estos buchones y vamos a tener problemas.

-Que se llame como quiera, seamos prestamistas de verdad porque nadie va a creer que vendió un solo disco.

-Bajá la voz. Si el jefe no me quisiera ya estarías muerto, no estás para hacerte el vivo.

-No minino, a mí no me cuentes la historia al revés, te gané siempre en todo, te metí acá porque no tenías dónde caerte muerto.

-No empecemos de nuevo. Tenés que matar a alguien.

-¿Para qué? Se inventa un nombre y listo.

-El jefe dice que por credibilidad, quiere tener una historia de respaldo.

-Ese sí que nos cuenta la historia al revés.

-Ya fue, salí a buscar a un vagabundo con DNI y le inventamos un cuentito.

Mr. Misil le preguntó a Minino si tenía el DNI encima y enseguida empezaron a golpearse delante de los clientes del bar y del resto de los empleados. Terminaron los dos sangrando y pidiéndose disculpas. Había sido una linda batalla, quizás imperfecta porque los separaron rápido.

Esa noche, cuando el bar había cerrado y estaban limpiando, llegó el jefe, que ya se había enterado de todo y se puso a charlar con los dos.

Cada uno dio sus explicaciones lo mejor que pudo. Minino con un intento de sonrisa seductora y Misil con los ojos blanquecinos casi entrecerrados.

El jefe estaba calmado. Había empezado amenazándolos, pero había pasado a darles consejos sobre su comportamiento. Cuando dio por terminado el tema de la pelea, preguntó si habían matado a alguien. Misil dijo que no y aclaró enseguida que tenía al candidato ideal.

-¿Quién es? –preguntó el jefe

-Un tipo que va de pueblo en pueblo, no tiene familia y es delegado en los torneos solidarios de buraco.

Misil se rió al terminar de hablar y el jefe lo miró varios segundos mientras recordaba las palabras de su tarotista: a veces hay que volver atrás porque las decisiones ajenas expresan preferencias.

-¿A partir de mañana puedo ser Lord King? Preguntó ansioso. Minino le dijo que sí y con Misil se miraron con una risa contenida.

-Están tentados los hermanitos hoy- murmuró Lord King. En ese momento supo que tarde o temprano iba a tener que mandarlos a matar. Antes de eso debería grabar el disco y buscar a sus reemplazantes.

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Sobre Fugas y obsesiones

Blog literario y de híbridos. Fugas ficcionales y obsesiones cotidianas. “Quiero transformar sus vidas en obras de arte, aunque estoy seguro de que jamás se tomarán la molestia de leerlas”.